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PREJUBILADOS EN ACCIÓN

Aprender de PREJUBILADOS EN ACCIÓN para personas mayores

Tiene una carrera profesional consolidada, ha trabajado durante años en su empresa y 2009su puesto aparentemente no peligra, pero un día, sin previo aviso, le ofrecen amablemente dejar su empleo. Está a punto de engrosar el colectivo en el que ya resulta mayor para seguir con su empleo y demasiado joven para dejarlo: los prejubilados. Todavía pueden aportar mucho a la sociedad y cada vez son más conscientes de ello. El asociacionismo y el voluntariado de los mayores de 50 años se extienden entre quienes buscan un nuevo hueco en la sociedad. Y con las restructuraciones empresariales propiciadas por la crisis económica, cada vez son más las personas que se encuentran en esta situación.
Existen cientos de formas de afrontar la prejubilación. Tantas como prejubilados. Pero hay varios patrones comunes, según varios estudios. La primera reacción suele ser una sensación de inutilidad. El empleado se pregunta por qué le dejan de lado, se cree un estorbo y, ya sea por estas impresiones o por coacciones de la empresa más o menos sutiles, acaba casi siempre aceptando la prejubilación. “La voluntariedad es una falacia. Te atienes a ello porque sabes que es la mejor forma de irte”, asegura Manuel Doblado, presidente de la Asociación Independiente de Prejubilados y Jubilados del Sector Financiero (Jubiqué).
Una vez que el empleado ha abandonado su trabajo puede sentir incluso cierta euforia; no tiene obligaciones ni engorros laborales, está en unas vacaciones permanentes. Pero esos dos términos no casan, si son infinitas dejan de ser vacaciones y al cabo del tiempo, semanas, meses o años, se da cuenta de que tiene que hacer algo para llenar el resto de su vida. El éxito de su prejubilación radicará en cómo consiga hacerlo. Podrá convertirla en una etapa positiva, más aún, productiva, o de desdicha, que en ocasiones termina incluso con el suicidio. Carlos Alcober, profesor de Psicología Social de la Universidad Rey Juan Carlos asegura que la mayor dificultad para el prejubilado es responder todas las mañanas a una pregunta: “¿Qué hago hoy?”.
Roberto Peraza contestaba esta cuestión en los primeros días de su prejubilación gracias a su nieta. La llevaba cada mañana al colegio y llenaba el resto de la jornada entre paseos y naturaleza. Pero después de apenas un mes se dio cuenta de que podía hacer algo más y decidió unirse a Cáritas en Tenerife, donde llegó a ser director de la organización. En un artículo en un periódico local escribía: “Cuando a veces oigo la expresión ‘aquí, matando el tiempo’, para expresar realmente que no tenemos nada que hacer, se me revuelve el estómago pues entiendo que el tiempo no hay que matarlo, perderlo o verlo pasar. En mi opinión, el tiempo es para vivirlo”.
Como él, cada día más personas responden a la pregunta de qué hacer hoy mediante las organizaciones no gubernamentales (ONG). Los responsables de las principales plataformas que las agrupan coinciden en señalar el auge de los mayores de 50 años entre sus afiliados más activos. La Plataforma del Voluntariado hizo un estudio de cuál era el perfil de las personas que colaboran en este ámbito. Aunque de momento el volumen de quienes superan los 56 años es sólo de un 10%, su gerente, Lucía Tierra, asegura que la tendencia es al alza. Este perfil, dice, suele ocupar huecos donde los jóvenes no participan tanto, como el cuidado a mayores. “Es frecuente que se dediquen a formas de voluntariado más tradicionales, pero que son igualmente necesarias”, añade.
El catedrático de sociología de la Universidad de Sevilla Eduardo Bericat coincide en señalar la nueva tendencia de la participación social de las personas maduras: “Son empleados expulsados de los mercados de trabajo cuando aún tienen expectativas de vivir 25 años más, y algunos de ellos están muy cualificados”. Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Acción Social se suma a ellos y recalca que la imagen de los jóvenes en las ONG es la más extendida, pero no es ni mucho menos la única que la sociedad debe ver.
Para Luis Martín, prejubilado de Alcatel, hay dos opciones: “O te dedicas a dar paseítos o te metes en alguna asociación y haces una vida activa”. Él eligió lo segundo y hoy es presidente de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados (UPD). Recomiendan a todos en su situación que sigan un camino parecido al suyo. Es lo que hizo hace diez años Javier del Pozo, un prejubilado de Telefónica que se dio pronto cuenta de que no podía permanecer en casa todos los días. Se metió en la Fundación Vicente Ferrer e hizo de todo. “Desde controlar algunas cuentas hasta llevar papeles al Ayuntamiento. Entre eso y unas clases de Historia del Arte, tenía todo el día ocupado”, explica.
Con el mismo espíritu, desde hace nueve años la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma) promueve el voluntariado en el proyecto Madurez Vital. Su responsable, el sociólogo José de las Heras, recomienda mucha reflexión a quien se le plantea la posibilidad de la prejubilación: “Hay que tener en cuenta que el retiro será para el resto de la vida, no conviene precipitarse. Tu teléfono no va a volver a sonar. Salvo casos muy excepcionales, es una tontería eso de que cada jubilado es una biblioteca que se quema. Detrás llega gente con otras formas de trabajar que te sustituye”. Una vez dado el paso, “lo importante es que no cambiemos el trabajo diario por una aparente comodidad, porque más tarde o más temprano llegará la necesidad de hacer algo”. Por eso piensa que el retirado debe ser activo, tiene que poner en marcha proyectos y unirse a colectivos que le interesen. “De lo contrario nos van arrinconando de muy buenas maneras. Nos dicen que somos muy importantes y nos dan viajes baratos. Pero no se trata de eso, hay que luchar por una madurez activa”, reivindica De las Heras.
En el programa orientan la actividad en función de las características de cada persona. Lo primero es tener las necesidades económicas cubiertas, “de lo contrario va a ser difícil que se quiera volcar en otros proyectos”, matiza de las Heras. Si es así, las actividades varían en función de la salud o el entorno en el que viva la persona retirada. Es muy distinto lo que se puede hacer en una gran ciudad o en el campo. Sea como fuere, Heras recomienda tomar como referencia el título de un libro en el que está trabajando: La empresa de envejecer. “Esto es lo importante, que la actividad que hagamos sea como una empresa en actividad creciente, con un papel que se cotice”, concluye.
El espacio de las ONG de acción social es uno de los que cuentan con mayor presencia de jubilados y prejubilados. El presidente de la plataforma que las agrupa, Juan Lara, está retirado. Explica que Cáritas o Cruz Roja se nutren en buena parte de personas como él, que cuentan con el suficiente tiempo para labores como repartir raciones en un comedor social. Pero también se van incorporando a otras ONG con un perfil más juvenil, como confirma José Manuel Areces, portavoz de Microvoluntarios. Esta organización conecta a través de Internet a otras ONG con personas que quieren ayudarles.
Otra manera de mantener la actividad es la de las asociaciones de prejubilados. Las hay tanto de sectores donde la fórmula de la prejubilación es frecuente, como la banca, como de empresas concretas que suelen usar esta fórmula. Telefónica es uno de los ejemplos más claros. Su propuesta de prejubilaciones baja hasta los 48 años. “Se puede dar la circunstancia de retirarte con menos tiempo trabajado del que te quedaría si te jubilases a los 65”, reflexiona el presidente UPD. El responsable de la Asociación de Prejubilados de Telefónica (APT), Mariano Chicharro, matiza que son muy pocos los que se acogen al retiro anticipado a los 48. En su organización sólo hay dos afiliados de esta edad.
Para ellos y sus otros 1.200 socios, la APT organiza actividades culturales y sociales. Pero la asociación -que forma parte de una confederación estatal de prejubilados de Telefónica con más de 10.000 miembros- nació sobre todo con el objetivo de asesorar a los prejubilados de la empresa. Es fruto del limbo en el que entran las personas en esta situación. La compañía suele seguir pagando un convenio con la Seguridad Social hasta la edad de prejubilación, pero a partir de ahí, con 61 años, lo más normal es que el trabajador pase a ser oficialmente jubilado, por lo que se le aplica un coeficiente reductor del 7% cada año hasta los 65. De esta forma, su pensión final se queda en un 30% menos de lo que podría haber sido. Como todo esto no está regulado oficialmente, las condiciones dependen de los acuerdos de cada empresa con los trabajadores.
Y, más allá de los problemas económicos, la indefinición es uno de los grandes obstáculos a los que se tiene que enfrentar el prejubilado. “Unos te consideran un privilegiado y otros un parásito, cuando no somos ninguna de las dos cosas”, explica el presidente de Jubiqué. El psicólogo Carlos Alcober, tras cientos de entrevistas con personas en esta situación, corrobora el impacto que puede tener esta desubicación. “Es una etapa que se caracteriza por la ruptura y la ambigüedad. Porque no está socialmente definida. Son demasiado jóvenes para el papel de jubilado y demasiado viejos para ser trabajadores rentables. No están en activo ni son desempleados. No están discapacitados, pero no es fácil aceptar un nuevo trabajo a esas edades”, asegura.
Algunos tratan de afrontar este problema desapareciendo. Quieren hacerse invisibles para no sentirse perdidos. “Salen de su casa a la misma hora a la que se iban al trabajo para no estorbar”, dice Alcober, que hace hincapié en la necesidad de organizar el tiempo y llenarlo con actividades útiles para la sociedad. Algunas de las claves se pueden encontrar en un libro que publicó en noviembre junto a Antonio Crego, Vidas reinterpretadas (Editorial Dykinson). El título de la obra ya dice mucho; habla de personas que tienen que dar un giro radical a una edad muy temprana. El éxito en esta tarea depende de varios factores. La voluntariedad de su retiro es uno de los principales. Como dicen casi todos los consultados, el afectado se ve muchas veces forzado a dejar el trabajo. Cuanto más sea así, más difícil suele resultar adaptarse. El papel del trabajo en la vida de la persona también es fundamental. “Si es muy central, las consecuencias para la autoestima suelen ser peores”, explica Alcober. Algo parecido piensa Pablo Navarro, secretario de la Unión Estatal de Pensionistas, Jubilados y Prejubilados de UGT: “No es lo mismo para una persona que trabajaba en una mina, que siente el retiro como una liberación, que para alguien con responsabilidad, que tenía gente a su cargo y pasa de mandar mucho a estar en la calle”.
Son asimismo determinantes las relaciones sociales y familiares: el apoyo de los más cercanos y hasta qué punto la persona hacía actividades de ocio con gente de fuera del trabajo. Por último, volvemos al factor clave: el nivel de actividad. “Si previamente no ha desarrollado otros intereses va a ser más difícil organizar su vida. Y si no los tenía, debe de buscarlos, potenciar aquellas cosas que le gustaban, tomárselas más en serio y organizarse”, asegura Alcober.
Son conclusiones parecidas a las que sacó Sandalio Gómez, profesor de la escuela de negocios IESE. Hizo un estudio en 2003 que ha ido actualizando durante estos años con entrevistas a más prejubilados. Quiso comprobar las diferencias entre alguien que acababa de retirarse con otros que ya llevaban un tiempo y vio cómo existe un gran salto entre las percepciones cuando pasan aproximadamente dos años tras dejar el trabajo. “Es entonces cuando se hacen plenamente conscientes”. Pero también ha estudiado qué es lo que pasa antes, en empresas donde las prejubilaciones están muy asimiladas. Y no es positivo: “Al llegar a cierta edad saben que pronto les van a invitar a irse, se dejan de identificar con el proyecto porque son conscientes de que les toca marcharse y su mayor problema pasa a ser qué harán con su vida”. Pero no sólo afecta a los mayores, la gente joven se da cuenta de cómo funciona la compañía y no se implica tanto con ella, según Gómez. También tiene esto su lado positivo. Los trabajadores saben qué les espera y el impacto no es tan grande. Todo es cuestión de mentalidad. Incluso si se recibe la noticia de golpe y porrazo.
Muchos de los consultados para este reportaje, que son o fueron prejubilados, confiesan estar en la mejor etapa de sus vidas. Uno de ellos es Antonio Zurdo, responsable del área de prejubilados del sector de servicios financieros de CC OO: “Si alguien sale tocado del retiro, que venga con nosotros, que en un par de salidas se le quita”. Desde hace siete años organiza decenas de actividades, cursos, conferencias, viajes y comidas para los 1.500 afiliados que tiene en Madrid. En principio, estas actividades surgieron como una forma de fidelizar a los afiliados al sindicato después de retirarse. Pero pronto se transformó en un motor de tiempo de ocio que le sirven tanto a él como a los socios para ocupar buena parte del tiempo libre que tienen. Aunque de momento sólo lo hacen en Madrid, ya han mantenido contactos para expandir este modelo a otras federaciones de CC OO. Zurdo lo tiene claro: “Si te rodeas de gente positiva y compruebas el horizonte de posibilidades que se te abre cuando dejas de trabajar, lo último que tienes que hacer en la vida es deprimirte”.

PABLO LINDE

El contenido de PREJUBILADOS EN ACCIÓN es ideal para saber envejecer.

Un comentario para “PREJUBILADOS EN ACCIÓN”

  • mariazmutt dice:

    yo tengo interes de saver de algun viaje que este a nuestro alcance en factor economico,y principalmente el lugar y costo del mismo, sepa perdonar mis errores y la falta de expresion.
    lo saluda muy atte.
    maria luisa zmutt

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